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crecimiento personal 3


Me cuesta a veces saber para quien escribo...



Existe una corriente llamativa y emergente de personas que se han dado cuenta de que la vida es algo más que reproducir año tras año, siglo tras siglo, esquemas de comportamiento, de pensamiento, de moral, de normas, de costumbres... y han pasado a engrosar la lista de quienes buscan en la espiritualidad otros valores, otra perspectiva y, sobretodo, un conocimiento profundo de ellas mismos.



Por otro lado, continúa siendo mucho más amplio el número de individuos que permanecen en el estatus quo del sistema, aquellos que no se preguntan por el sentido de su vida o, si lo hacen, fundamentalmente se restringe a temas económicos o profesionales; siguiendo, en la mayoría de los extremos, las consignas archisabidas de lo que es bueno y lo que es malo, de lo que es correcto o incorrecto.



Por tanto, ¿animo a este segundo grupo a despertar? ¿o más bien tiro de amarras con los que, despertando, se están yendo a veces tan al cielo que parece que se fueran a evaporar?



La espiritualidad, no me cansaré de repetirlo, es un camino.



De lo que trata el despertar de la consciencia no está ni en el blanco, ni en el negro, ni el yin, ni el yang.



La dualidad, cualquiera que sea el polo que transites, materialista o idealista, dormido o espiritualista, no es la meta.



El único modo de lidiar con la fe ciega en las consignas, tanto las del sistema como las del despertar de la consciencia, es que te pares a sentirte, que te dediques a conocerte, que te reaprendas, que te busques y que te encuentres.



El despertar de tu consciencia es que te observes tan atentamente que, en el día a día, te vayas dando cuenta de quién eres realmente.



Eso es lo único que importa, que seas tú, no que sigas a un bando o a otro.



¿Has probado a decirte "te quiero" mirándote a los ojos frente al espejo?



Esa es la salida.



Y, asegúrate de que cuando te mires, te mires; de que cuando te hables, te hables...

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