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Filosofía consciente - Desprogramación 2

"El pecho" femenino ha sido objeto de ocultación durante siglos.


"Los pechos" masculinos han sido objeto de olvido.


Es curioso y un caso único en el organismo humano, que exista una sola palabra con variación de número (singular o plural), para designar dos partes o zonas muy próximas, pero diferentes.


"El pecho" es la parte alta del tórax y en él reside la cualidad del arrojo, la valentía, el ser aguerrido y, también la expansión del corazón.


"Un" pecho erguido es sinónimo de esbeltez, fuerza y poder amorosos, sin lucha, con convicción.


"Los pechos", con "s", son las glándulas mamarias y el seno que las envuelve. Son erógenos, dadores de vida, sensibles y también amorosos.


Pecho y pechos envuelven el corazón.


Ahora bien, para desgracia de la especie humana, se ha producido una división de género entre ambos términos, a los que únicamente los diferencia una "s".


》"El pecho" es masculino. Los hombres no tienen pechos, tienen tetillas o pezones.

》"Los pechos" son femeninos. Las mujeres no tienen pecho sin "s".


Este es posiblemente uno de los más claros exponentes de la perversión lingüística, conceptual y social, derivados de una diferenciación biológica.


Pero la realidad es muy diferente...


Las mujeres tienen "pecho", fuerza, valentía... la ocultación física obligada de sus senos, por los protocolos sociales, les resta arrojo.


Los hombres tienen "pechos", sensibilidad, entrega. Su olvido u ocultación conceptual, les resta amor.


Que el torso del organismo biológico femenino (hembra) y masculino (macho) sean algo diferentes, no es en realidad fundamento de una diferencia conceptual o social de género.


Hombres y mujeres en estado natural abren su pecho al viento.


La religión y el patriarcado marcan la diferencia, obligando a las mujeres a cubrir su valor y a los hombres a olvidarse de su amor.


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