Ser "pareja" de los padres

Filosofía consciente - Desprogramación consciente 20

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Definición y síntomas comunes

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Desde la teoría de Constelaciones Familiares se habla de relación "incestuosa" cuando uno de los hijos sustituye de forma inconsciente a uno de los progenitores y establece una relación de igual con el otro, es decir, no de prioridad ("yo soy el grande y tú el pequeño"), sino de pares o "pareja".



Habitualmente, aunque no siempre, esto sucede con sexos opuestos. De este modo y siempre a nivel inconsciente, un hijo es escogido por la madre como sustituto del padre; o una hija es escogida por el padre, como sustituta de la madre.



La relación incestuosa o de "pareja", como toda relación, es bilateral. Es decir, tanto hijos como padres juegan esta forma disfuncional a nivel inconsciente y desde las dos partes se sostiene.



Según la teoría de Constelaciones es el propio sistema familiar el que reestructura los roles en favor de su supervivencia. Es decir, lo normal es que la relación incestuosa se da porque el progenitor que es sustituido no está cumpliendo su función como padre/madre y/o esposo/esposa. Se produce, por tanto, la disfunción para que la familia sobreviva como sistema.



En muchos casos este tipo de relación puede sostenerse toda la vida, pero en otros, los hijos terminan por manifestar alguna forma de malestar psíquico o emocional. Sus relaciones de pareja no suelen prosperar y su autonomía o independencia para cualquier aspecto de la vida está francamente debilitada. Haber tomado a la madre o al padre como "pareja", es una tarea titánica, en el fondo imposible de realizar, y exige una energía tal que impide la realización del propio destino.



Desde los hijos, la relación incestuosa se manifiesta, a veces, como relación de amor/odio. No pueden estar sin el padre o la madre, pero al mismo tiempo sienten que los agobian, agotan o controlan. Por tanto, suelen pasar épocas de "romance" y otras críticas que nunca terminan por disolver la relación.



Es cierto que hay casos en los que la relación incestuosa no es "bipolar", es decir, es sólo de amor, pero entonces se manifiesta con bastante claridad en el día a día y los hijos no suelen crear familias propias o el progenitor "incestuoso" está siempre presente: en convivencia con la familia del hijo/hija o en relaciones de trabajo estables (empresa familiar).



En los casos en que existe contradicción vienen los problemas. Pues cuando no la hay, si bien es disfuncional, de alguna manera ha conseguido pervivir sin demasiados roces y, al final, lo que importa es la felicidad de las personas y no si es más o menos correcto la forma de relacionarse.



Pero cuando los roces son agudos y el hijo o la hija siente necesidad de romper tal relación, entonces se pone en marcha un proceso muchas veces complejo de disolución del incesto.



Evidentemente y por si aún caben dudas, la relación incestuosa no lleva a manifestaciones íntimas o sexuales, bien al contrario esta energía queda oculta y se manifiesta en los hijos con determinadas problemáticas a nivel sexual o de pareja: sueños eróticos con el padre o madre, gusto por mujeres u hombres mayores, violencia manifiesta o reprimida contra el sexo opuesto, elección de parejas del mismo sexo o ausencia total de ellas.



Tampoco en estos casos necesariamente la persona debe cambiar su actitud si ella misma y sus parejas ocasionales son felices. Y no necesariamente todas las descritas vienen de una relación incestuosa con los padres. Pero en muchos casos se revela como una manifestación que crea disgusto o confusión.



El malestar que más habitualmente lleva a una persona a preguntarse por la posible disfuncionalidad de su relación con sus progenitores es, sin duda, la ausencia de iniciativa o falta de decisión en su proceso vital. El consejo permanente y la complacencia mostrada le impiden desenvolverse totalmente como adultos. También desde ahí puede comenzarse un proceso de disolución del incesto.

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Pasos para la disolución del "incesto"

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Para que la disolución se dé es necesario, el hijo o hija debe, en primer lugar, tomar conciencia del rol que ha asumido toda una vida. Esto no tiene nada que ver con considerar culpable al padre o la madre. El progenitor no ha actuado de forma consciente, de alguna forma ni siquiera ha sido el/ella, sino más bien la energía de todo el sistema familiar. Digamos que el sistema ha reorganizado los vínculos a pesar de ambos, pues también sucede que el padre o madre pierden oportunidades de rehacer su vida de pareja.



Lo segundo es identificar la causa que llevó al otro progenitor a ausentarse, aquel que no pudo completar su rol y por el cual el sistema familiar se reorganizó. Esta es una situación compleja porque son muchos los motivos por el cual un progenitor no está auténticamente situado en su propio rol. Puede ser que a su vez tenga una relación incestuosa con su padre o madre (abuelo/abuela) y por ello no pueda estar para su nueva familia o pueden ser otros motivos. Pero romper una relación incestuosa pasa por restaurar un vínculo, al menos de respeto y comprensión, con el progenitor ausente.



Si los padres están separados, ya no hay amor entre ellos o no tienen otras relaciones de pareja, se complica la resolución. El hijo o hija se siente culpable de dejarlo en soledad y quiere acompañarlo como un igual. Abandonar al padre o la madre que no tienen a nadie más es difícil, pero no hacerlo impide la realización del propio destino. En el fondo una relación incestuosa es una relación muy fuerte de codependencia.



El tercer paso, por lo tanto, es redoblar esfuerzos en trabajarse la autonomía personal. La pregunta que se puede hacer a una persona que ya ha identificado el origen de sus problemas en una relación incestuosa con su padre o su madre es la misma que para cualquier relación de dependencia: ¿para quién quiero vivir?



Si la respuesta es "para mi" el refuerzo de los límites es el cuarto paso. La persona presa de una relación incestuosa no tiene fuerza, por tanto, el apoyo inicialmente debe ser constante. Pero eso sí, cuando realmente decida romper el lazo inconsciente que lo ató con su madre/padre.



El tercer paso, aprender a vivir independiente, y el cuarto, poner lo límites a quien la quiere impedir aunque sea de forma inconsciente, son las dos caras de un binomio imprescindible para la autonomía personal que exigen, primero de todo, una decisión consciente por parte de la persona que quiera darlos.

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Lo primero es identificarse a sí mismo como sujeto de una relación incestuosa con un progenitor; lo segundo es entender los porqués del que ha estado ausente, abriéndose a vínculos de amor y respeto; lo tercero y cuarto, ponerse manos a la obra en el ejercicio de la autonomía personal, desde el refuerzo de la propia soledad y del establecimiento de límites al padre o madre que actúa como "pareja".

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