La era de la liberación emocional

Filosofía consciente - Desprogramación 4

Durante siglos, la consigna familiar y social en la educación ha sido evitar mostrar a toda costa las emociones. Llorar, gritar o reír escandalosamente eran signos de "mala educación". A los niños no se les ha permitido enojarse y menos aún pelearse. Y aunque llorar era "cosa de niñas" tampoco a estas se les consentía en demasía.


En base a tal represión de la manifestación de sentimientos, se ha consolidado una sociedad "civilizada" y aparentemente "adulta" que, en realidad, esconde niños y niñas en esencia. De tal modo que, cuando las emociones hacen por salir, se convierten en una fuente de problemas psicológicos o sociales.

Las personas debían ser "adultas" desde el momento de nacer

El no afrontar las propias emociones supone que todo el mundo debe contar con algún lugar donde depositarlas en caso de no poder contenerlas. La mayoría de las veces este lugar son las personas que conviven en el hogar, pero otras da lugar a conflictos mucho mayores.


Los niños no pueden gritar a los padres, pero estos no dejan de discutir o, peor, entran en "guerra fría". Son "malas" las algarabías, pero en el fútbol la gente se desquita al primer gol. La violencia callejera es un problema; así como las violaciones domésticas, donde la emoción reprimida se vierte en forma de excreción corporal. Algunos afilan la lengua para insultar sin gritar y otros entran en melancolía.

Los conflictos sociales y psicológicos se castigan o se estigmatizan. Pero la peor parte está aún más escondida: existe una gran mayoría de personas "pacíficas" que no participa de ellos, que realmente aprendieron a reprimirse.


Después de siglos de medicina científica, legalidad y normativas, y una sociedad de la apariencia; alguien se dio cuenta de que las emociones estaban haciendo daño al individuo. Muchas de las enfermedades tanto físicas como psicológicas poseen un origen emocional.


En la actualidad, algunas personas son conscientes de esto y acuden a terapia para liberar las respuestas emocionales bloqueadas durante su vida. El reencuentro con un "berrinche" que no se expresó, libera una energía psicológica negativa que tenía enfermo al cuerpo.

Aprender a gestionar las emociones sólo es posible si existe libertad para expresarlas. La auténtica madurez requiere experiencia.

El mundo de la apariencia de las emociones estables, pero realmente estancadas, lleva a rabias contenidas, pocos deseos de vivir, pesimismo, miedos o, incluso, a enfermedad.


No soluciona nada esta represión generalizada en la que las personas creen que son "buenas" y en el fondo padecen estos males.

Dejar salir la emoción es el principio de resolución de muchos problemas, tanto personales como relacionales.

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