Tabaco, vino y otras "drogas"



Debo resaltar la "perversión" (mentira disfrazada de verdad) del sistema ideológico actual en relación a la salud. Y muy concretamente en lo que se refiere al concepto de "droga".

El acorralamiento que sufren las personas que beben o fuman plantas de la Tierra por aquellas otras que se atiborran de fármacos químicos debe finalizar.

El engaño es total. Y no digo que sea un engaño intencionado, al menos por la mayoría. La mayoría siempre ha seguido a unos pocos.

Estos pocos son los que se sostienen en intereses económicos derivados de la industria farmacéutica. Los que sacan provecho de estudios científicos anexos al poder.

Y tampoco digo que el problema sean estos pocos. Como siempre se ha dicho, "¿quien es más tonto? ¿el tonto o el que sigue al tonto?".

Les pongo un ejemplo. 

Se somete a miles de personas a electroshocks neuronales para curar su depresión, al tiempo que se les amenaza con la muerte si quieren fumar un cigarrillo.

En las culturas antiguas de este planeta se adoraba, no por ingenuidad o ignorancia, sino por auténtica sabiduría, al espíritu del tabaco y al dios Baco o Dionisos, el dios del vino.

¿Por qué a día de hoy es tan común pensar que los antiguos estaban equivocados y que la adoración a la industria químico-farmacéutica es más apropiada?

La respuesta es tan sencilla y tan contundente que da miedo: nos perdimos.

El ser humano se creyó el propio Dios y decidió que Dios mismo estaba equivocado.

No digo que el tabaco o el vino eviten la muerte pero, de seguro, proporcionan más felicidad, más encuentro con uno mismo, que la toxicidad de muchos medicamentos que quieren evitarla. 

¿Es esto que digo muy radical?

Permíteme decirte que "radical" significa ir a la "raíz".

Y la raíz sobre la que se sustenta la perversión ideológica actual es pensar que el ser humano es el único capaz de crear salud, que sus inventos deben sustituir a lo que ya existía de modo natural.

Esta huida del "paraíso", este querer saber más que el mismísimo Dios, este endiosamiento del ser humano en su perfeccionismo ideal, es la anticultura de la Tierra y de la Madre -gran Diosa- Naturaleza.

Señores, señoras, el vino y el tabaco los engendró, aunque sea metafóricamente, Dios en la Diosa Madre. Los químicos son productos de una mente humana que cree ser superior a ellos.

La farmacología actual evita muchas muertes y esa acción es sagrada. Pero demonizar el uso de medicinas naturales, como el tabaco o el vino, es perder un necesario y equilibrado centro. 

La naturaleza sigue ofreciendo su propia enseñanza que es mucha y también sagrada. Y esta enseñanza nos llega siempre desde el respeto a las culturas tradicionales.